LA LLAMADA Escucho tu voz furtiva en el auricular y mi mundo se torna celeste. Se caen los libros del estante de pura alegría y mis paltos y cardenales florecen entusiasmados bailando una cueca mi alma en este invierno solitario. Y yo cual niño nervioso no se me ocurre que decir y pierdo esta magnífica oportunidad esta ocasión única y bella para hablarte sin balbuceos algo que haga sentido algo como "estás bien?" o "te amo".
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